viernes, 29 de mayo de 2009

Hada de lluvia

El hada de lluvia
viaja en su trono de nube
con una varita blanca
y su corona de luciérnagas
engarzada en brillos de luna.
Duerme esta hada de sueño
en una cama de viento
donde deja caer su pelo
sobre la almohada de niebla
que se derrama
desde la cabecera
hasta los pies de las montañas.
El hada de lluvia
despierta algunas mañanas
inundada por un velo de libélulas
que limpian la lágrima de sus pestañas
en busca de la esencia del sueño
y las gotas de lluvia
que nunca lloraremos.

jueves, 28 de mayo de 2009

Dioses pequeños

Dioses pequeños
nos esperan
a las puertas cerradas
por el azogue de los espejos;
sus caras insomnes,
abandonadas e inexpresivas
se ocultan tras sus manos
con el abandono
de su pelo sobre mi hombro.

miércoles, 27 de mayo de 2009

Hay diosecillos de viento

Hay diosecillos de viento
que se asoman
a los alféizares de las ventanas
al inicio de las tormentas
de sueño
cuando dormimos.

Hay diosecillos de lluvia
que se escapan
calle abajo por la noche
recién acabado
el beso
de las pajaritas.

Hay diosecillos de viento

Hay diosecillos de viento
que se asoman
a los alféizares de las ventanas
al inicio de las tormentas
de sueño
cuando dormimos.
Hay diosecillos de lluvia
que se escapan
calle abajo por la noche
recién acabado
el beso
de las pajaritas.

martes, 26 de mayo de 2009

Al final de las avenidas

Al final de las avenidas
encontramos comitivas de dioses pequeños
en mangas de camisa.

De la mano sobre el bordillo de las aceras
practican equilibrios de alcantarillas
con rayos de luz como pértigas de madrugada.

Y volvemos con recuerdos
de dolor por la muerte de dioses pequeños
aunque amanezca cada mañana el amanecer.


lunes, 25 de mayo de 2009

Me están hablando

Me están hablando
unos dioses pequeños
que fijan su morada
en las costuras de las almohadas
cuando duermes.
El residuo salado de tu lágrima
se calcifica en mi memoria
y el ayer se hace presente
antes de que pueda recordarte.
Dublín era frío,
lo sé,
había domingos de repollos,
patatas y puré de zanahorias,
pero también ponían películas
y conciertos de violas desafinadas.
Escribo desde la acritud
o amargura
del jintoni
o la sensación de haberme
partido el labio
antes de besarte.
He escrito el poema.
Se pueden leer las letras.
Preguntadme por sus labios
si aún me resta el cansancio.

viernes, 22 de mayo de 2009

Te espero en el sofá

I
Te espero en el sofá
porque no puedo soportar
el peso de mi espera
en la planta de los pies.
No llegas a tiempo
porque espero mientras tardas
sentado en un sofá
que susurra los secretos del sexo.
II
Has llegado,
traes sueño en los párpados,
víveres para el invierno,
destellos de sol
pero sólo veo el cansancio
y las manos caídas.
Me empeño en abrazarte,
en partirme el labio
contra la luna hecha añicos
en el agua del canal.

jueves, 21 de mayo de 2009

Caminan mujeres por aeropuertos

Caminan mujeres
por aeropuertos
en busca de horarios y bocadillos
por cintas transportadoras
y suelos encerados
con el azogue de los espejos.
Esperamos en salas de espera
a que nos llame el sueño
o los labios de la muchacha
cansada
que mira nuestros labios.
Dormimos en soledad
inmensamente habitada de extraños
abrazados a nuestros bolsos de mano
para que no se nos escape el canto
de los grillos que transportamos
de contrabando.
Caminan hombres
por aeropuertos
en busca de asientos vacíos
y mujeres de pelo oscuro
que les ofrezcan sus hombros
como una invitación al sueño.

miércoles, 20 de mayo de 2009

Siempre siento (he sentido)

Siempre siento (he sentido)
esa soledad de aeropuerto
en la espera tensa,
en los abrazos de las familias,
en el beso acalorado de las parejas,
en la soledad de la mujer que espera;
pero nunca he tenido esa espera que se rompe en el labio
y se engarza en la lengua;
ni he tenido el beso de las caracolas;
siempre destroza la espera
con el ceño fruncido, la lágrima
o el esquerzo de la mejilla.
…Y, sin embargo,
me empeño en esperar
en aeropuertos
como vuelvo todos los días
al amor en busca del beso
para encontrar las cristaleras
contra las que se suicidan (sin saberlo)
los gorriones.

martes, 19 de mayo de 2009

New York

Pasan por la quinta avenida
las golondrinas olvidadas
del invierno
de camino a sus cuarteles de verano
donde se limpian el pico
del banquete de las aceras.
En calles perpendiculares,
bajo las señales de los pasos de cebra,
habitan dioses pequeños,
gnomos de piedra
que venden las castañas de noviembre,
como las castañeras de la infancia.
Huele esta ciudad
a mercadillo, a feria,
a parque de atracciones
y a escalera de incendios
que nos entierra en el metro
como un desierto
de la humanidad.
En avenidas rectilíneas,
cruzo semáforos en rojo
por la intersección del damero
como si pudiera enroscarme
a los pies del Empire State
y volver a aquel entonces
cuando la fotografía
encuadraba a Cástor y Póllux
separados por el cielo.

lunes, 18 de mayo de 2009

Dublín

Quizá sea esta una ciudad
apropiada para enloquecer,
igual que las bajantes desaguan
en las aceras
y los gatos dormitan en los
aparcamientos.
¡…Y por qué no!
Dejamos parte de los zapatos
en los paseos
como la saliva que abandonamos
sobre los labios
en los besos robados
a mujeres desconocidas.
Quizá sea ésta una ciudad
desvencijada de memoria
igual que el anverso de las monedas
o la cara oculta de la luna
en la cartografía obsesiva
del recuerdo.

viernes, 15 de mayo de 2009

Que no te nieguen su vista las ventanas

Que no te nieguen su vista
las ventanas
que no te corten el paso
las tenazas
que no te borren el camino
las mareas
que no te devuelvan tu beso
los espejos
que no te traigan ausencia
los teléfonos
que no te escupan las verdades
los silencios
que no llegues tarde
a los abrazos
que no vuelvas nunca
a los precipicios
que no arrastres el amanecer
a las almohadas
que no te arrepientas por los no-besos
ni por los labios
resecos en su envoltorio
de papel cebolla

jueves, 14 de mayo de 2009

Me persiguen las puertas de guillotina

Me persiguen
las puertas de guillotina
de los halls de llegada
de los aeropuertos,
donde es posible el beso
o el ceño fruncido
y el gesto obtuso.
En la espera,
mujeres inmensas enceran
corredores de espejos
que no reflejan
sino nuestro rostro de ayer
y el temblor del labio
partido.
Temblamos en aeropuertos
como las balizas
de los portaviones
tras la calma en la bajamar
y descubrimos (de nuevo)
el baile del hueco
del abrazo repetido
y vacío.

miércoles, 13 de mayo de 2009

Amanece luminosa la mañana

Amanece luminosa la mañana
con sus rayos de luz
que rompen el frío de las hojas
de la hiedra.
Amanece luminosa la mañana
desde el levante hundida en el mar
como un sol renacido en las aguas
del ayer.
Amanece luminosa la mañana
y viajamos al sur de los trenes de lata
con la esperanza de calor de tus pupilas,
de la traducción perfecta.
Nadie ha despertado esta mañana,
nos hemos olvidado de levantar las persianas,
seguramente haya un cielo bajo y encapotado,
nadie ha amanecido esta mañana
hemos recordado el peso del sueño
probablemente haya abundancia de paraguas (en las aceras)
hay un universo de luz
y una neblina de sueño en el canal.

martes, 12 de mayo de 2009

Mañana por la mañana

Mañana por la mañana
habré muerto
como todas las mañanas
cuando abro los ojos
sobre la almohada
para no habitarte.
Recorro los pliegues endurecidos
del sofá en busca de migajas
de aquel sueño que se derritió
cuando levantaste tus labios
de la suela de los zapatos.
…Y seguimos sembrando
pedazos estrellados del espejo
con la esperanza
de que al volver lo encontremos
todo
como en aquel tiempo de paseos,
aceras y poemas.

lunes, 11 de mayo de 2009

Debe de estar amaneciendo

Debe de estar
amaneciendo
detrás de las persianas,
apagando las farolas
y apagando las aceras;
debe de estar
despertando
los sueños de los edredones,
abriendo los ojos de la mañana
y descorriendo las cortinas
pero debe de haberse olvidado
a los relojes,
a los conductores de escaleras,
a los semáforos del despertar,
a los relojes de alarma,
a los párpados del sueño;
porque esta mañana
una bandada de dioses de trapo
se ha instalado bajo mi piel
como las raíces de los baobabs
entrelazadas en las sábanas
de esta mañana.

viernes, 8 de mayo de 2009

El rellano de las escaleras

El rellano de las escaleras
me ofrece el descanso
de una almohada
que se deslíe en el poema
como las plumas del cisne
en el hueco de las escaleras.
El peldaño que abandono
se queja en el vacío
del peldaño que abandono
y la cera del pasamanos
se agarra
desesperadamente
a la palma de la mano.
El tragaluz de las escaleras
es una claraboya oscura
que se abre en el techo
justo a la altura
donde los pies de puntillas
y la punta de los dedos
no alcanzan a decir.
El rellano de las escaleras
me niegan la entrada en el sueño
de un somier
que delimita las fronteras
como el dolor de la falla
tras el terremoto
o
el vacío
del hueco de las escaleras.

jueves, 7 de mayo de 2009

El despertar

El despertar
me abre los ojos a la mañana
como un tragaluz
olvidado por los chirridos de las golondrinas
(en invierno).
Hay un dolor sordo
por debajo de la segunda arruga
que ya me adorna la frente
pero mis ojos en la mañana
seguirán de nuevo en busca de tu
promesa.
Hay una recaída en el sueño,
un ahogarse bajo la almohada,
porque me alargo en busca de tu cuerpo
y ya no estás;
acaso te hayan encantado las voces
de cobre
tras los números y los talonarios.
El dormir
me entorna los ojos de la tarde
como una claraboya
revivida por el claqueteo de las cigüeñas
(en verano).

miércoles, 6 de mayo de 2009

Enloquecerán de muerte las azoteas

Enloquecerán de muerte las azoteas,
con susurros de noche vendrán
a columpiarse en las hojas
de las azaleas.
Barrerán el sueño de las sienes,
con silencios de siesta vendrán
a destornillar las bombillas
de la cordura.
Habré de partir de nuevo
la hendidura de mi pecho hendido
para que puedan atracar los catamaranes
en la dársena de mi puerto.
Habré de morir de nuevo
como en las noches alucinadas
para que vuelvan a abrir las ventanas
a las calles donde anuncia la noche
el sereno.

martes, 5 de mayo de 2009

Facsímil

Desmadejado
como el vapor huido
de una olla
al romper el primer hervor.
Desportillado
como la huella de las lavandeiras
con su cola en blanco y negro.
Desfallecido
como la espuma
al fondo de la última pinta
tras soplar la última vela.
Desnortado
como el gallo de las veletas,
con su cinismo de plumas
y atalayas de tejados.
Como si ya hubiese llegado la mañana
y acabásemos de abrir las ventanas;
como si saliésemos a caminar a cuerpo
por el camino hondo que nunca nos llevó al río;
como si hubiésemos escrito un poema
y la lengua reseca se pegase al paladar.


lunes, 4 de mayo de 2009

El dolor de las bombillas

El dolor de las bombillas
pasadas de rosca;
la quietud del labio
que aún no he besado;
la lágrima de los ojos
reflejados en mis ojos;
el calor de los espejos
el temblor de los recuerdos
el sueño de las escaleras
el adiós de las chimeneas
la tentación de los acantilados
la promesa de los ahogados
la canción de las sirenas
la circunferencia de las estrellas
El grito estriado del mudo
y el velo de las patas del pato;
el beso arrugado de las pajaritas
y la boca de riego del desierto;
el traqueteo de la arritmia de tu pecho
y la forma de sueño de tu vientre;
todo me dura el recorrido entre dos estaciones
el destello de dos trenes que se cruzan
y mueven el aire.